Crisis, oportunidad de éxito


Que Europa vive inmersa en una crisis no es ninguna novedad a estas alturas de la película; pero la situación se ha prolongado tanto que ya no se sabe si la crisis es económica, financiera, fiscal, política o moral. La Europa que hoy conocemos, esa que nos entregaron ya hecha y que quizá por eso no se conoce el alcance del esfuerzo que costó, no es ni mucho menos la Europa que idearon sus padres fundadores. Aquella idea del interés común, del bien común, que defendía Jean Monnet parece haberse ido desgastando con el paso de los años y los políticos actuales no demuestran ningún interés por retomar estos valores mientras se pierden a sí mismos y a sus países entre números, rescates y cumbres económicas que terminan sin ninguna solución común y dejan cada vez más hilos sueltos.

La necesidad de volver a las raíces de Europa, de encontrar el verdadero sentido y retomar la senda es cada vez más urgente y apremia tanto a los mandatarios como a los pueblos. La historia de Europa no ha sido precisamente un camino fácil y desde que se empezó a fraguar la concepción de un proyecto común nunca faltaron los impedimentos; sin embargo, siempre hubo personas extraordinarias capaces de saltar los obstáculos que se presentaban insalvables. Esta es la idea que ha querido transmitir Victoria Martín de la Torre, agregada de prensa del Parlamento Europeo, en su ponencia Ideas audaces en tiempos de crisis. Cómo se reinventó Europa en la posguerra.

El momento que atravesó el Viejo Continente tras el fin de la II Guerra Mundial no se puede comparar con la situación que atravesamos en nuestros días, pero sí se puede encontrar un punto común. Este nexo que une ambas épocas es la crisis. Ya entonces se preguntaban cómo un continente que había sido la cuna del esplendor en todas las ramas del saber podía haber quedado destrazo por el odio y la miseria; hoy la pregunta es cómo unos países que aprendieron a dejar atrás las rencillas y forjar un futuro conjunto se han visto superados por la ambición del dinero y la falta de miras comunes. Fue la necesidad la que obligó a los europeos a trabajar juntos, primero bajo la imposición americana del Plan Marshall, que invitó al entendimiento comunitario, y después el propio sentimiento de unidad que empezaba a nacer entre algunos intelectuales y personajes destacados. Victoria Martín ha destacado el Congreso de la Haya de 1946 como la primera materialización del sentimiento europeo; una cita a la que no faltaron los políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas y artistas más avanzados y visionarios de la época. La importancia de este congreso no estuvo en sus aplicaciones prácticas sino en la preparación de la opinión pública para lo que vendría después.

Declaración Schuman

Declaración Schuman

Tampoco podía faltar en este breve recorrido y análisis por la historia de la formación de la Unión Europea la figura de Jean Monnet. Este político francés que tiene el honor de haber sido uno de los padres fundadores de Europa apostó fuerte por la idea común y formuló “el método”, la existencia de un sistema supranacional al que los estados cedieran voluntariamente parte de su soberanía con el único fin de participar en el bien común y la presencia de personas capaces de olvidar sus propios intereses para encontrar soluciones que beneficiaran a todos. Pero Monet no estuvo solo, sino que contó con el respaldo de otros políticos de su época el francés Robert Schuman, el belga Paul Henri Spaak, el alemán Konrad Adenauer y el italiano Alcide di Gasperi, que al igual que él confiaron en la idea de que una Europa unida era necesaria e imprescindible. Y así, entre datos precisos y curiosidades que no aparecen en los libros de texto, Victoria Martín ha ido tejiendo la historia de Europa.

Sin embargo, el fin de esta ponencia no era solo recordar a las figuras que hicieron posible la Europa que hoy conocemos, sino también examinar cuáles eran esas ideas audaces que ayudaron a salir de la crisis. La periodista ha señalado la personalidad visionaria de los fundadores, su sentido de la amistad y de la lealtad, así como su comportamiento austero y su presencia activa en los hechos más relevantes del siglo pasado como algunas de las cualidades que marcaron sus decisiones en temas comunitarios. Si algo tuvieron claro los padres fundadores de Europa fue que la formación de esta no tenía un principio y un final sino que estaba, y está, en permanente creación. La historia de Europa se escribe cada día, con sus éxitos y sus logros, pero también con sus crisis. Crisis en las que en la actualidad se confunde oportunidad con oportunismo; crisis ante las que los políticos europeos de nuestros días tienen la ocasión de demostrar que saben conducir hacia el cambio, hacia la reformulación de Europa sin que esta pierda sus raíces; y crisis que los ciudadanos no solo tienen la necesidad, sino también la obligación de sortear y estudiar juntos como dijo Spaak, “las causas de los fracasos, para encontrar las fórmulas del éxito”.

Noelia Fernández Aceituno

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